Acaban de marcharse nuestros hermanos del Seminario Mayor, y sólo puedo decir que ha sido una alegría poder enseñarles nuestra casa, poder compartir con ellos la Eucaristía y sentirnos una gran familia, cada cual llamado de una manera y a una edad, cada uno proveniente de una experiencia y de una realidad distinta, pero todos llamados por el Señor para ser sacerdotes.
A los seminaristas del menor nos ayuda estar con los mayores, escucharles, compartir con ellos, sentirlos cerca y reírnos un rato de las trastadas de unos y otros. También hemos disfrutado al volver a ver a los seminaristas que han pasado por aquí y ya están en el Mayor, eso siempre ilusiona porque hemos vivido muchas cosas con ellos, y porque nos ayuda verlos ya en el mayor, contentos y con ganas de seguir diciéndole si al Señor.
Esperamos que se repita. D. Javier y D. Fernando han dicho que otro día iremos nosotros al Mayor, ya que siempre vamos de corre prisas en la Inmaculada o en algún rito.
Gracias Señor por darnos hermanos!!!
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