Míralos Padre, después de tres años con ellos, ni siquiera llegan a intuir nada de lo que va a pasar, ni siquiera creo que hayan entendido mucho de lo que he querido vivir con ellos. Para ellos he sido un buen maestro, alguien cercano, diferente, que ha roto con muchas tradiciones y ha escandalizado, pero ¡no entienden más allá!. Padre yo quiero hacer tu voluntad, pero míralos, no están preparados para asumir la entrega, mira como siguen hablándose entre ellos, mira sus risitas y sus cometarios, mira como han escogido según les convenía el mejor sitio, mira como han dejado a los de siempre en la esquina de la mesa, solos y apartados, mira quien se ha puesto a mi lado, los que se creen que se lo merecen.
Padre yo los amo mucho, sé que son tuyos y que tú me los has puesto en las manos, por eso los quiero con todo mi corazón. Los quiero desde sus torpezas al hablar, desde sus meteduras de pata ante los demás, desde sus cabezonerías y su no dejarse sorprender, desde su incapacidad para hacer las cosas de manera distinta a como las han hecho hasta ahora. Los he amado hasta el extremo, he sufrido por ellos, he llorad por ellos, son mis amigos y por eso me duele dejarlos y volver a ti.
Padre no puedo irme ahora, no puedo dejarlos solos, no puedo desentenderme de ellos. Ahora que parece que comienzan a entender algo, ahora que tal vez podrían asumir lo que durante tres años inútiles he intentado decirles. Padre retrasa mi entrega, no es que no quiera hacer tu voluntad, pero ¿podrán ellos asumirla?.
Ahora cuando me levante y me ponga a lavarles los pies, se volverán a escandalizar. Unos se mofarán de mis rarezas, otros ni se darán cuenta de que soy yo y no un esclavo el que les está lavando los pies, otros protestarán y alguno mas espabilado intentará pararme, porque entenderá que si yo lo hago así … ¡qué no tendrá que hacer el!. Ya verás Padre como siguen sin entender, ¡cómo si por primera vez les hubiera invitado a amar así.!
No puedo dejarlos solos, no puedo abandonarlos… Tú lo sabes todo, son tuyos, tú los conoces y sabes lo que necesitan.
Mira Juan, no deja de mirarme, de querer sabe que pienso, que siento… él es el joven, más que los demás y necesita mi presencia alentadora, necesita las palabras de animo, la mano firme, ¡cuantas veces he tenido que acercarme a él y sonreirle sin más, para que entendiera que no está sólo!.
Mira a Judas, entristecido, cabizbajo, asustado… siempre tan necesitado de que las cosas salgan como el cree que debe ser. Siempre acusando a los demás de no ser perfectos, siempre cuestionándolo todo, hasta alguna vez me ha llegado a cuestionar a mí. ¡Cuánto le cuesta aceptar la debilidad!, ¡cuanto sufre ante lo que no controla! ¡hasta donde seria capaz, para tener la sensación de controlarlo todo!...
Mira a Pedro, haciéndose el importante, mandando a todos, controlando la marcha de la cena. Se ha dado cuenta de que hay algunos apartados, pero no son sus amigos, así que no hará nada. Se ha dado cuenta de mi mirada triste y me pide explicaciones, pobre ¡Cuánto le espera!.
Mira a Tomás, no se entera de nada, va a la suya, no ve más allá de sus narices.
Y tú Padre, ¿quieres que los deje, que los abandone?, permíteme quedarme junto a ellos de alguna forma, permite que el Espíritu siga manteniéndonos unidos. Padre fortalécelos, aliméntalos para que cuando caigan puedan levantarse y un día confirmar a sus hermanos en la fe.
Gracias por permitir que me quede en su alimento básico, Gracias por permitir seguir unidos a ellos. Me imagino que hoy cuando en la quinta bendición ritual cambie las palabras, algunos no lo entenderán, otros ni se darán cuenta, otros se escandalizarán… pero confío que algún día entiendan, celebren y gocen de mi presencia cada vez que hagan esto en mi nombre.





